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Tema: Reconstrucción | Fecha: 424-400 a.C. | Autor: Nehemías | Lugar: Jerusalén

Nehemías 9

Esdras confiesa los pecados de Israel

1 El día veinticuatro del mismo mes se reunieron los hijos de Israel en ayuno, y con cilicio y tierra sobre sí.

2 Y ya se había apartado la descendencia de Israel de todos los extranjeros; y estando en pie, confesaron sus pecados, y las iniquidades de sus padres.

3 Y puestos de pie en su lugar, leyeron el libro de la ley de Jehová su Dios la cuarta parte del día, y la cuarta parte confesaron sus pecados y adoraron a Jehová su Dios.

4 Luego se levantaron sobre la grada de los levitas, Jes√ļa, Bani, Cadmiel, Seban√≠as, Buni, Sereb√≠as, Bani y Quenani, y clamaron en voz alta a Jehov√° su Dios.

5 Y dijeron los levitas Jes√ļa, Cadmiel, Bani, Hasabn√≠as, Sereb√≠as, Hod√≠as, Seban√≠as y Peta√≠as: Levantaos, bendecid a Jehov√° vuestro Dios desde la eternidad hasta la eternidad; y bend√≠gase el nombre tuyo, glorioso y alto sobre toda bendici√≥n y alabanza.

6 T√ļ solo eres Jehov√°; t√ļ hiciste los cielos, y los cielos de los cielos, con todo su ej√©rcito, la tierra y todo lo que est√° en ella, los mares y todo lo que hay en ellos; y t√ļ vivificas todas estas cosas, y los ej√©rcitos de los cielos te adoran.

7 T√ļ eres, oh Jehov√°, el Dios que escogiste a Abram, y lo sacaste de Ur de los caldeos, y le pusiste el nombre Abraham;

8 y hallaste fiel su corazón delante de ti, e hiciste pacto con él para darle la tierra del cananeo, del heteo, del amorreo, del ferezeo, del jebuseo y del gergeseo, para darla a su descendencia; y cumpliste tu palabra, porque eres justo.

9 Y miraste la aflicción de nuestros padres en Egipto, y oíste el clamor de ellos en el Mar Rojo;

10 e hiciste se√Īales y maravillas contra Fara√≥n, contra todos sus siervos, y contra todo el pueblo de su tierra, porque sab√≠as que hab√≠an procedido con soberbia contra ellos; y te hiciste nombre grande, como en este d√≠a.

11 Dividiste el mar delante de ellos, y pasaron por medio de él en seco; y a sus perseguidores echaste en las profundidades, como una piedra en profundas aguas.

12 Con columna de nube los guiaste de día, y con columna de fuego de noche, para alumbrarles el camino por donde habían de ir.

13 Y sobre el monte de Sinaí descendiste, y hablaste con ellos desde el cielo, y les diste juicios rectos, leyes verdaderas, y estatutos y mandamientos buenos,

14 y les ordenaste el día de reposo santo para ti, y por mano de Moisés tu siervo les prescribiste mandamientos, estatutos y la ley.

15 Les diste pan del cielo en su hambre, y en su sed les sacaste aguas de la pe√Īa; y les dijiste que entrasen a poseer la tierra, por la cual alzaste tu mano y juraste que se la dar√≠as.

16 Mas ellos y nuestros padres fueron soberbios, y endurecieron su cerviz, y no escucharon tus mandamientos.

17 No quisieron o√≠r, ni se acordaron de tus maravillas que hab√≠as hecho con ellos; antes endurecieron su cerviz, y en su rebeli√≥n pensaron poner caudillo para volverse a su servidumbre. Pero t√ļ eres Dios que perdonas, clemente y piadoso, tardo para la ira, y grande en misericordia, porque no los abandonaste.

18 Además, cuando hicieron para sí becerro de fundición y dijeron: Este es tu Dios que te hizo subir de Egipto; y cometieron grandes abominaciones,

19 t√ļ, con todo, por tus muchas misericordias no los abandonaste en el desierto. La columna de nube no se apart√≥ de ellos de d√≠a, para guiarlos por el camino, ni de noche la columna de fuego, para alumbrarles el camino por el cual hab√≠an de ir.

20 Y enviaste tu buen Esp√≠ritu para ense√Īarles, y no retiraste tu man√° de su boca, y agua les diste para su sed.

21 Los sustentaste cuarenta a√Īos en el desierto; de ninguna cosa tuvieron necesidad; sus vestidos no se envejecieron, ni se hincharon sus pies.

22 Y les diste reinos y pueblos, y los repartiste por distritos; y poseyeron la tierra de Sehón, la tierra del rey de Hesbón, y la tierra de Og rey de Basán.

23 Multiplicaste sus hijos como las estrellas del cielo, y los llevaste a la tierra de la cual habías dicho a sus padres que habían de entrar a poseerla.

24 Y los hijos vinieron y poseyeron la tierra, y humillaste delante de ellos a los moradores del país, a los cananeos, los cuales entregaste en su mano, y a sus reyes, y a los pueblos de la tierra, para que hiciesen de ellos como quisieran.

25 Y tomaron ciudades fortificadas y tierra f√©rtil, y heredaron casas llenas de todo bien, cisternas hechas, vi√Īas y olivares, y muchos √°rboles frutales; comieron, se saciaron, y se deleitaron en tu gran bondad.

26 Pero te provocaron a ira, y se rebelaron contra ti, y echaron tu ley tras sus espaldas, y mataron a tus profetas que protestaban contra ellos para convertirlos a ti, e hicieron grandes abominaciones.

27 Entonces los entregaste en mano de sus enemigos, los cuales los afligieron. Pero en el tiempo de su tribulaci√≥n clamaron a ti, y t√ļ desde los cielos los o√≠ste; y seg√ļn tu gran misericordia les enviaste libertadores para que los salvasen de mano de sus enemigos.

28 Pero una vez que ten√≠an paz, volv√≠an a hacer lo malo delante de ti, por lo cual los abandonaste en mano de sus enemigos que los dominaron; pero volv√≠an y clamaban otra vez a ti, y t√ļ desde los cielos los o√≠as y seg√ļn tus misericordias muchas veces los libraste.

29 Les amonestaste a que se volviesen a tu ley; mas ellos se llenaron de soberbia, y no oyeron tus mandamientos, sino que pecaron contra tus juicios, los cuales si el hombre hiciere, en ellos vivir√°; se rebelaron, endurecieron su cerviz, y no escucharon.

30 Les soportaste por muchos a√Īos, y les testificaste con tu Esp√≠ritu por medio de tus profetas, pero no escucharon; por lo cual los entregaste en mano de los pueblos de la tierra.

31 Mas por tus muchas misericordias no los consumiste, ni los desamparaste; porque eres Dios clemente y misericordioso.

32 Ahora pues, Dios nuestro, Dios grande, fuerte, temible, que guardas el pacto y la misericordia, no sea tenido en poco delante de ti todo el sufrimiento que ha alcanzado a nuestros reyes, a nuestros príncipes, a nuestros sacerdotes, a nuestros profetas, a nuestros padres y a todo tu pueblo, desde los días de los reyes de Asiria hasta este día.

33 Pero t√ļ eres justo en todo lo que ha venido sobre nosotros; porque rectamente has hecho, mas nosotros hemos hecho lo malo.

34 Nuestros reyes, nuestros príncipes, nuestros sacerdotes y nuestros padres no pusieron por obra tu ley, ni atendieron a tus mandamientos y a tus testimonios con que les amonestabas.

35 Y ellos en su reino y en tu mucho bien que les diste, y en la tierra espaciosa y fértil que entregaste delante de ellos, no te sirvieron, ni se convirtieron de sus malas obras.

36 He aquí que hoy somos siervos; henos aquí, siervos en la tierra que diste a nuestros padres para que comiesen su fruto y su bien.

37 Y se multiplica su fruto para los reyes que has puesto sobre nosotros por nuestros pecados, quienes se ense√Īorean sobre nuestros cuerpos, y sobre nuestros ganados, conforme a su voluntad, y estamos en grande angustia.

Pacto del pueblo, de guardar la ley

38 A causa, pues, de todo esto, nosotros hacemos fiel promesa, y la escribimos, firmada por nuestros príncipes, por nuestros levitas y por nuestros sacerdotes.